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Es nuestro momento.

El 19 de Septiembre marca ya un antes y un después para comprender la dimensión de la movilización social y la acción colectiva orientada a las virtudes humanitarias de la unidad, la sinergia y el sentido de solidaridad. La juventud despertó de su letargo, se remango las mangas y salió del aislamiento y comodidad de sus redes sociales para levantar a México de entre los escombros y darle un suspiro de esperanza. La tarde del 19 de septiembre llamó a la unidad y a la movilización juvenil ante la desgracia, su liderazgo ha sido el principal factor para que la tragedia no escalara a dimensiones insospechadas. La juventud maximizó su talento y, su fortaleza se convirtió en la entereza que tendió la mano al desvalido para brindarle consuelo. Un movimiento diferente por sus compontes, alimentado por el hastió y cansancio hacia nuestra torpe clase gobernante, deja de lado la hipótesis de tener una generación perdida, subestimada entre la crisis de la realidad y las ex
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Indignación.

A la memoria de aquellas mujeres,   A las que como sociedad hemos fallado por prejuicios insanos.   Indignación, sí, por supuesto y no es para menos. La muerte de  Mara Castilla – como la de muchas otras mujeres – en las condiciones y circunstancias en que acontecieron los hechos es indignante, al igual que intolerable es aceptar que sujetos con la mínima decencia atenten contra la dignidad, la integridad y la vida de las personas por un vulgar deseo insano, despreciando la vida y atentando contra las normas mínimas del comportamiento social. Sí, nos preciamos de ser una sociedad libre, “moderna”, una sociedad en la que en apariencia la tolerancia y respeto a la mujer es un principio que se aprende desde la infancia. Sin embargo, pese a la progresividad de nuestra sociedad, en la que se ha pugnado por alcanzar condiciones más amplias de igualdad y estereotipos de género indeterminado aún dista en la práctica por garantizar la plena igualdad, per

La miseria que nos corroe.

Mientras la gente cuenta leyendas, los literatos fantasean, los opinólogos futurean, así se construye la narrativa de nuestros políticos y gobernantes, una clase sui géneris poco asertiva, que va de vaivén en vaivén, de la diatriba a la redención del “mundo feliz” de Huxley como una evasión alucinante de su realidad, una realidad mundana que dista de lo sutil. Sí, México está cansado, cansado de los agravios, del cinismo y de dinámicas de funcionamiento inaceptables de nuestros gobernantes; quizás debamos aceptar que nuestro sistema colapso.  A decir del filósofo coreano Byung-Chul Han, éste [el sistema] “un día cansado se puso a ladrar” para intentar cuando menos evolucionar a través de la potencia de las redes sociales. Lo visto en las últimas semanas evidencia una cosa: la política no reforzará su credibilidad si ella sigue plagada de mediocridad. Las caretas han caído, al grado que los escándalos de corrupción son más frecuentes y ofensivos. Tomemos aquí a

Paráfrasis.

“ Lo único implacable de la vida es el tiempo que ya pasó ”, señala con agudeza Luis Rubío en su columna para el periódico Reforma: “atrás o adelante”. El mismo Rubío hace una apología de nuestro tiempo recordando las palabras de Albert Camus y sostiene que, “indudablemente cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía [quizás la nuestra – invariablemente] sabe que no lo logrará…” No por falta de merito, talante o tino para encausar una verdadera transformación, sino porque como afirmara el mismo Camus, por que nuestra generación es “heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones fracasadas… y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruir todo” han orillado al agotamiento social. La   tragedia que vive México es la tragedia de una generación perdida y una generación hipotecada por la violencia y la corrupción. Javier Valdez [periodista asesinado en Sonora por defender la libertad de expresión] esc