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Paráfrasis.

“ Lo único implacable de la vida es el tiempo que ya pasó ”, señala con agudeza Luis Rubío en su columna para el periódico Reforma: “atrás o adelante”. El mismo Rubío hace una apología de nuestro tiempo recordando las palabras de Albert Camus y sostiene que, “indudablemente cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía [quizás la nuestra – invariablemente] sabe que no lo logrará…” No por falta de merito, talante o tino para encausar una verdadera transformación, sino porque como afirmara el mismo Camus, por que nuestra generación es “heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones fracasadas… y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruir todo” han orillado al agotamiento social. La   tragedia que vive México es la tragedia de una generación perdida y una generación hipotecada por la violencia y la corrupción. Javier Valdez [periodista asesinado en Sonora por defender la libertad de expresión]...

Mejor Imposible.

A las 21.03 horas del 15 de abril de 2017, la Procuraduría General de la República informó a través de su cuenta de twitter @PGR_mx: “Hemos detenido a Javier Duarte con el apoyo de la República de Guatemala”. Lo anterior fue sin duda la nota de titulares de la prensa en México y el   extranjero. El diario español El País titulaba: “La detención de Javier Duarte cierra el mayor escándalo de impunidad política de la etapa de Peña Nieto” – circunstancia que para ser francos dista mucho de la realidad. Desagreguemos algunos elementos. La detención de Duarte se enmarca en un enrarecido clima electoral, las apretadas expectativas en la elección del Estado de México, las cuales han cambiado sorpresivamente los acuerdos de impunidad entre las elites que gobiernan. La posible victoria de la Profesora Delfina Gómez, alfil de López Obrador, frente al delfín de Atlacomulco, Alfredo del Mazo, reemplaza por completo el tablero electoral de cara a la madre de todas las batallas, l...

La vehemencia a la corrupción.

A la memoria de Don Pedro Tamayo, con estima y admiración. Su entereza y fortaleza ante los avatares de la vida son ejemplo de respeto de nuestro aquí y nuestro ahora. Recuperar el valor de la honestidad [1] no es tarea sencilla frente a la acometida de la corrupción – en México – pero debe ser el primer paso para esbozar alternativas disuasivas (quizás no tan creativas y originales, sino convencionales) frente a una pandemia que parece incurable ante soluciones carentes de voluntad para generar instituciones autónomas, bajo un armazón normativo más sólido y creíble. Como sabemos, la corrupción es una de las principales fuentes de descontento social. Es un factor que incentiva la violencia y, sobre todo acentúa más la desigualdad, en un país en el que cerca de 7 millones de personas sufren la desesperanza y el abandono, de los cuales el 40% vive en localidades aisladas con carencias de servicios básicos como la salud, datos que muestra el más rec...

AGUA ¿para todos?

“Agua para todos” parece que una frase sencilla pero en realidad no lo es. Es un reto de enormes proporciones si consideramos suposiciones cambiantes sobre el control humano del mundo natural que hoy replantean los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, concretamente en el Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad   del agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Sí, tenemos hoy un derecho humano al agua, su calidad y su saneamiento, derecho humano consagrado en tratados y en nuestra carta magna, ahora replicado en nuestra constitución estatal en su artículo 12.   Pero siendo honestos repetir derechos ya consagrados resulta absurdo e innecesario, máxime cuando la discusión pierde el foco ante la progresividad del derecho convirtiéndose sólo en bandera de posicionamiento mediático al centrarse el tema en la discusión superficial sobre la privatización de los servicios de agua potable y saneamiento, tema toral de la autonomía municipal, pe...